Una fe que se ve: cuando el amor se manifiesta en obras

Una reflexión basada en la carta de Santiago que nos invita a vivir una fe viva y auténtica, manifestada en obras de amor, obediencia y misericordia. Un llamado para la mujer que desea alinear su corazón con el corazón de Dios.

Fe y Crecimiento

Resplandece Mujer

January 28, 2026

Una fe que se ve: cuando el amor se manifiesta en obras

La fe que agrada a Dios no es pasiva ni silenciosa, sino una fe viva, que se manifiesta a través de obras de amor, obediencia y misericordia. No para ganar la salvación, sino como respuesta natural a un corazón que ha sido tocado por el amor del Padre.

La carta de Santiago nos enseña cómo vivir la fe en la vida cotidiana y cómo manifestarla a través de las obras, que son fruto del amor hacia Dios y hacia nuestro prójimo.

“Así también la fe, si no tiene obras, está muerta” (Santiago 2:17)

Sabemos que sin fe es imposible agradar a Dios, y que el justo vivirá por la fe. Sin embargo, si esa fe no se manifiesta a través de obras, se vuelve estéril. Jesús, siendo Dios, no solo vino a salvarnos, sino también a enseñarnos cómo manifestar el amor por medio de acciones. Él vino a liberar a los cautivos, sanar a los enfermos, expulsar demonios y consolar a los pobres y afligidos.

Si realmente amamos a Dios y creemos firmemente en su poder y en su amor manifestado a través de su Hijo para darnos salvación, también estamos llamadas a reflejar ese amor mediante obras de misericordia, perdón y consolación. No solo con palabras, que muchas veces se las lleva el viento, sino con acciones que revelan un corazón transformado.

El patriarca Abraham, padre de la fe, agradó al Señor porque le creyó sin cuestionar; simplemente obedeció. Él sabía que la voluntad de Dios es perfecta. Aun cuando lo que se le pedía era profundamente doloroso —ofrecer a su hijo Isaac— no dudó, porque amaba a Dios por encima de todo. Sabía que así como Dios se lo había dado, también tenía poder para quitárselo.

¡Qué tonto eres! ¿Quieres convencerte de que la fe sin obras es estéril? ¿No fue declarado justo nuestro padre Abraham por lo que hizo cuando ofreció sobre el altar a su hijo Isaac? Ya lo ves: su fe y sus obras actuaban conjuntamente, y su fe llegó a la perfección por las obras que hizo.” (Santiago 2:20,22)

A Dios le agradó la fe de Abraham manifestada en acción, y por ello fue declarado justo y llamado padre de la fe.

“Así se cumplió la Escritura que dice: ‘Creyó Abraham a Dios, y esto se le tomó en cuenta como justicia’, y fue llamado amigo de Dios.” (Santiago 2:23)

Hoy vale la pena preguntarnos: ¿De qué manera estamos manifestando nuestra fe y nuestro amor a Dios? ¿Vivimos nuestra fe solo para nosotras mismas, o también para bendecir a otros?

Permitamos que los frutos del Espíritu Santo se desarrollen en nuestra vida, para que seamos portadoras del amor de Dios. Amando a nuestro prójimo, perdonando a quienes nos han herido, incluso a quienes nos rechazan o nos odian; orando por otros, ayudando al necesitado, supliendo las necesidades de quienes requieren nuestro apoyo; dando palabras de fe, ánimo y consolación a los angustiados y cautivos.

Examinemos nuestro corazón para asegurarnos de que esté alineado con el corazón de Dios. No nos dejemos mover por envidias o rivalidades, porque estas solo producen acciones que frustran el propósito de Dios en nuestras vidas.

“Pero si ustedes tienen envidias amargas y rivalidades en el corazón, dejen de presumir y de faltar a la verdad. Esa no es la sabiduría que desciende del cielo, sino que es terrenal, no espiritual y demoníaca. Porque donde hay envidias y rivalidades, también hay confusión y toda clase de acciones malvadas.” (Santiago 3:14–16)

Pidamos al Padre que nos conceda sabiduría para comprender su voluntad y discernir cómo Él desea que nos movamos en este mundo. Estamos llamadas a ser parte de su maravilloso plan para establecer su Reino. No permitamos que nada ni nadie nos arrebate lo que nuestro Padre diseñó para cada una de nosotras.

“En cambio, la sabiduría que desciende del cielo es ante todo pura; además, pacífica, respetuosa, dócil, llena de compasión y de buenos frutos, imparcial y sincera. En fin, el fruto de la justicia se siembra en paz para los que hacen la paz.” (Santiago 3:17–18)

Te animo a salir de ti misma, de tu zona de confort, de tus miedos y de los rechazos, y a comenzar a caminar en la verdadera fe; una fe viva, manifestada en obras de amor. El Señor desea bendecirte, pero también nos recuerda que existen principios espirituales establecidos. Cuando caminamos en obediencia, las bendiciones fluyen.

Abraham fue un hombre bendecido en todo, y de la misma manera, tú también puedes vivir bajo el favor de Dios cuando tu fe se expresa en una vida rendida y obediente.

"Den y se les dará: se les echará en el regazo una medida llena, apretada, sacudida y desbordante. Porque con la medida con que midan a otros, se les medirá a ustedes" (Lucas 6:38)

Este llamado de Jesús nos recuerda que el dar no es una pérdida, sino una siembra que siempre produce fruto. Cuando damos con un corazón sincero —amor, perdón, tiempo, compasión y misericordia— Dios se encarga de multiplicar aquello que entregamos. La medida con la que bendecimos a otros revela la condición de nuestro corazón y, al mismo tiempo, abre la puerta para que Su gracia fluya abundantemente sobre nuestra vida. Vivamos, entonces, una fe generosa, confiando en que Dios es fiel para devolver, de maneras inesperadas y en el tiempo perfecto, todo aquello que damos guiadas por el amor.

Resplandece, mujer. Que tu fe se vea, se sienta y transforme.

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